Nos encontramos en el restaurante Maximiliano, un templo de la gastronomía mexicana contemporánea en el corazón de Tijuana. La atmósfera está impregnada de aromas intensos, combinaciones de colores vibrantes y una energía que trasciende lo culinario. Frente a nosotros, el protagonista de esta historia: el Chef Ernesto, fundador, alma y corazón de este proyecto. En esta ocasión, celebramos su reconocimiento como portada de julio 2025 de ALPHA Magazine.
«Gracias por esta oportunidad. Es un honor representar a muchos corazones gastronómicos que vibran con pasión desde la cocina», inicia Ernesto con la humildad que lo caracteriza. Su amor por la cocina comenzó a los 12 años. «Cuando uno empieza desde niño, es porque los ingredientes, los sabores, los colores y aromas ya están en la sangre.»
Su inspiración nació en el corazón de su hogar: «En mi casa, mientras desayunábamos, ya estábamos pensando qué cocinar en la comida y cena. Mi mamá, mis tías, mi abuela, todas cocinaban. Ahí entendí que la cocina podía reunir, sanar y alegrar a las personas. Y si eso lograba en mi casa, imaginé que podría hacerlo con muchas más personas.»
Originario de Sinaloa, Ernesto llegó a Tijuana a los 17 años. Su historia es de esfuerzo puro: caminaba 20 kilómetros diarios para ir a la escuela, y en Tijuana estudió tres carreras: comunicación, alta dirección y gastronomía. Todo lo pagó trabajando desde muy joven. «Siempre he tenido espíritu emprendedor. A los 22 años abrí mi primer negocio: un gimnasio para mujeres.»
La pandemia fue el catalizador para su primer restaurante: Amora. «Tuve tiempo para diseñarlo a profundidad. En febrero de 2021 abrimos, y en seis meses recuperamos la inversión.» Luego nació Maximiliano, gracias a una conexión inesperada con dos comensales, que hoy son sus socios.
El nombre del restaurante tiene una historia fascinante: «Maximiliano de Habsburgo y su familia revolucionaron la gastronomía en México: la introducción de cubiertos, copas, postres, y la figura del chef hombre en cocina. Yo quise hacer lo mismo en Tijuana: marcar un antes y un después.»
La propuesta de Maximiliano es clara: «Cocina mexicana contemporánea con ingredientes locales. Tenemos el mar, el vino del Valle de Guadalupe, la herencia culinaria de Baja California. Mis platillos son como cuadros: juego con color, textura y sabor. Cada creación es un homenaje a nuestra tierra.»
Sobre su experiencia, Ernesto es categórico: «El cliente debe sentirse en casa. Pero para eso, primero debo cuidar a mi equipo. La hospitalidad inicia con ellos. Si están felices, los comensales también lo estarán.» Por eso, sus restaurantes tienen cocina abierta: «Para crear lazos emocionales con los comensales. Queremos que la gente vea, sienta, huela y se conecte con el proceso.»
Cuando se le pregunta si su cocina es arte, responde sin dudar: «Sin duda. Hay estudio, técnica, composición visual. Cada plato es un lenguaje. Mis creaciones son como lienzos, cada uno con una historia diferente.»
Su mayor inspiración es su equipo de trabajo: «Son mi familia. Si yo fallo, no fallo sólo como chef, fallo como generador de empleo y bienestar para más de 150 familias. Esa responsabilidad es lo que me levanta cada día.»
Ernesto también dedica tiempo a causas sociales: «Cocinar para fundaciones como Tijuana Sin Hambre, el CRIT, Corazones Binacionales y el CAM ha sido de mis mayores satisfacciones. La cocina también transforma desde lo humano. No se trata solo de alimentar, se trata de dignificar.»
Cuando se le pregunta por fracasos, contesta con franqueza: «La rotación de personal ha sido difícil. Me encariño con mi equipo, y perder a alguien es doloroso. Pero cada salida me enseña algo.»
Lo que lo distingue es su cercanía con el cliente: «Siempre salgo a saludar, a agradecer. Cada comensal trae algo especial. No se necesita un festejo para celebrar en la mesa. A veces, un solo platillo puede cambiar tu día. Por eso cada detalle cuenta.»
A corto plazo, planea abrir tres nuevos proyectos, estudiar más en Europa o México, y trabajar por un reconocimiento Michelin. Pero su mayor sueño es seguir generando empleo: «Quiero crear 300 empleos más entre 2025 y 2026. Para mí, el éxito se mide en bienestar colectivo.»
Sobre la gastronomía tijuanense, Ernesto la define como «feliz»: «Hay tanta oferta, tanta creatividad, que es imposible no admirarla. Tijuana es un polo culinario mundial. La ciudad está llena de talento y pasión.»
A los jóvenes chefs les dice: «Esto no es fácil. Requiere pasión y alma. Estudia, especialízate, y recuerda que el servicio es sacrificio. Mientras otros festejan, nosotros trabajamos para que su celebración sea inolvidable.»
Y como cierre para los lectores de ALPHA Magazine: «Gracias Tijuana. Gracias Baja California. Soy un chef adoptado por esta tierra, y cada plato que cocino lleva el agradecimiento de quien lo ha recibido todo de esta ciudad. Si mi historia inspira a alguien a crear algo grande, habré cumplido mi propósito.»
Como chef, Ernesto entiende que la cocina no solo nutre el cuerpo, también el alma. «Cuando alguien entra a mi restaurante, quiero que viva una experiencia completa: emocional, sensorial y humana. La comida debe abrazarte.»
También nos habla de su filosofía de liderazgo: «Un restaurante no es solo un negocio, es una familia. Un equipo feliz cocina mejor, atiende mejor, vive mejor. Yo les llamo mis hijos porque todos soñamos juntos.»
Maximiliano se ha convertido en punto de referencia en Baja California. Su cocina rinde homenaje a México, pero con visión global. «Nos inspiran las raíces, pero soñamos con el futuro. La cocina evoluciona, y nosotros con ella.»
Finalmente, Chef Ernesto nos deja una reflexión: «Nunca subestimen el poder de un plato bien hecho. Puede cambiar tu día, tu humor, tu vida. La cocina es un acto de amor profundo. Y yo estoy aquí para seguir cocinando historias.»
Alpha Magazine, reconocemos a el Chef Ernesto y sus restaurantes, no solamente por ser nuestra portada de Julio 2025, sino también por la excelencia, su pasión y por convertirse en un ejemplo a seguir.
